miércoles, 21 de octubre de 2026

Mi historia: del dolor a la esperanza, del silencio al arte

Mi historia: del dolor a la esperanza, del silencio al arte

 

Me llamo Alexia, tengo 42 años y hoy quiero compartir mi historia. No porque haya sido fácil, ni porque tenga todas las respuestas, sino porque creo que contar lo que hemos vivido puede ayudar a otras personas a sentirse menos solas.

Durante mucho tiempo me costó comprenderme, encontrar mi lugar y aceptar muchas de las cosas que me habían sucedido. He atravesado etapas muy difíciles, pero también he descubierto que, incluso cuando parece que todo se rompe por dentro, siempre puede existir una oportunidad para volver a empezar.

Esta es mi historia, contada desde el corazón y en primera persona.

Una infancia en la que me sentía diferente

Mi infancia estuvo marcada por una situación familiar complicada. Crecí en una familia desestructurada y fueron mis abuelos, ya mayores, quienes tuvieron un papel fundamental en mi crianza.

Desde pequeña sentía que era diferente a los demás. En el colegio sufrí acoso y viví situaciones que fueron dejando huella en mi autoestima y en mi manera de relacionarme con el mundo.

Cuando eres una niña, muchas veces no sabes poner palabras a lo que te ocurre. Simplemente sientes que no encajas, que hay algo en ti que los demás no comprenden y que tienes que aprender a convivir con un dolor que no sabes explicar.

Con el paso del tiempo, aquellas experiencias fueron pesando cada vez más.A los 18 años me diagnosticaron depresión. Fue un momento importante porque, de alguna manera, empezaba a ponerse nombre a un sufrimiento que llevaba tiempo acompañándome.

Sin embargo, recibir un diagnóstico no significa comprenderlo todo de repente. También comienza un camino de aprendizaje, de dudas y de búsqueda de herramientas para poder seguir adelante.

Alrededor de los 20 años encontré apoyo en ASAPME Huesca, donde comencé a recibir acompañamiento. Allí conocí a una profesional que formó parte de una etapa importante de mi vida.

Para mí, contar con un espacio en el que poder hablar, ser escuchada y empezar a entender lo que me pasaba supuso un paso importante.

Con los años aparecieron también episodios de ansiedad, cambios en mi estado de ánimo y otras dificultades que me llevaron a recibir atención psiquiátrica y a conocer mejor mi situación de salud mental.

Mi camino no fue lineal. Hubo avances, retrocesos y momentos en los que tuve que volver a empezar. A lo largo de mi vida he necesitado atención especializada en salud mental. Mi traslado a Andalucía coincidió con una etapa especialmente compleja, en la que tuve que afrontar dificultades importantes y varios ingresos hospitalarios.

Hablar de estas experiencias no siempre es sencillo. Durante mucho tiempo, los problemas de salud mental han estado rodeados de prejuicios, silencios y falta de comprensión.

Pero una enfermedad o un diagnóstico no definen a una persona. Tampoco borran sus capacidades, sus sueños, su sensibilidad ni todo lo que puede aportar a los demás.

Yo seguía siendo Alexia. Seguía teniendo inquietudes, ilusiones y una parte artística que necesitaba expresarse, incluso en los momentos en los que me resultaba difícil reconocerme a mí misma.

He aprendido que pedir ayuda no es fracasar. Que necesitar tratamiento no te hace menos valiente. Y que, a veces, sobrevivir a una etapa complicada ya es una forma enorme de fortaleza.

Volver a Huesca: la familia, el cuidado y la pérdida

Después de aquella etapa en Andalucía, regresé a Huesca. La vida me llevó de nuevo a mis raíces y a mi familia, y asumí el cuidado de mi padre.

Acompañarlo fue una parte muy importante de mi vida. Cuidar de alguien a quien quieres profundamente implica amor, entrega y también un desgaste emocional que no siempre sabemos expresar.

Mi padre falleció el 12 de octubre de 2024.

Su pérdida marcó un antes y un después en mi vida. El duelo me obligó a enfrentarme a una ausencia inmensa y a aprender a vivir de otra manera.

Cuando pierdes a alguien tan importante, no solo echas de menos a esa persona. También tienes que encontrar cómo continuar sin su presencia, cómo recolocarte por dentro y cómo volver a construir una rutina en un mundo que parece haber cambiado.

Hubo momentos en los que necesité reencontrarme conmigo misma. Poco a poco, tuve que buscar nuevas formas de sostenerme, de expresar lo que sentía y de recuperar la confianza.

ASAPME Huesca: seguir construyendo el camino

En este proceso, el acompañamiento y el apoyo han seguido siendo importantes.

ASAPME Huesca forma parte de mi historia porque la salud mental no debería vivirse desde la soledad. Necesitamos espacios seguros, profesionales que nos acompañen y personas que nos recuerden que seguimos teniendo valor incluso cuando nosotros mismos dejamos de verlo.

La recuperación no consiste necesariamente en volver a ser la persona que eras antes. A veces consiste en conocerte de nuevo, comprender tus límites, reconocer tus necesidades y descubrir capacidades que no sabías que tenías.

He aprendido que cada persona tiene su ritmo y que no hay un único camino para salir adelante.

También he comprendido que la vulnerabilidad no nos hace menos personas. Nos hace humanos.

La pintura y el teatro: volver a sentirme viva

El arte ha vuelto a ocupar un lugar fundamental en mi vida.

A través de la pintura he encontrado una manera de transformar emociones en imágenes, de dar forma a aquello que a veces cuesta explicar y de convertir parte de mi mundo interior en algo que otras personas también pueden sentir. El teatro también ha significado mucho para mí. Volver a los escenarios, compartir proyectos con otras personas y participar en iniciativas que defienden la inclusión y la diversidad me ha ayudado a recuperar confianza y a sentir que vuelvo a formar parte de algo.

En estos proyectos hay un mensaje con el que me identifico profundamente: todos somos necesarios, todos somos diversos y sí se puede. No se trata de fingir que todo está bien ni de negar las dificultades. Se trata de descubrir que, incluso con nuestras heridas, podemos crear, compartir, aprender y contribuir a que otras personas se sientan reconocidas.

El teatro me ha regalado momentos de emoción, de compañerismo, de risas y de lágrimas. Me ha recordado que no tenemos que ser perfectos para subir a un escenario ni para ocupar nuestro lugar en la sociedad.

Tenemos derecho a participar, a expresarnos y a ser vistos por quienes somos, no solamente por las dificultades que hemos atravesado.

Mi mensaje: detrás de cada historia hay una persona. Hoy quiero hablar desde mi experiencia, sin esconder las partes difíciles, pero sin permitir que sean lo único que se vea de mí.

Soy una mujer que ha vivido momentos complicados. Soy una persona que ha necesitado ayuda, que ha pasado por tratamientos y hospitalizaciones, que ha conocido el dolor y que ha tenido que aprender a convivir con muchas emociones.

Mi historia no se resume en un diagnóstico, en una etapa difícil ni en una pérdida. Mi historia también está hecha de aprendizaje, de creatividad, de personas que me han acompañado y de oportunidades que me han permitido volver a levantarme.

Quiero que mi testimonio sirva para recordar que la salud mental merece atención, respeto y comprensión. Que nadie debería sentir vergüenza por pedir ayuda. Que detrás de cada diagnóstico existe una persona con una historia única y con mucho más que ofrecer de lo que a veces la sociedad alcanza a ver.

Y, sobre todo, quiero transmitir esperanza sin disfrazar la realidad.

Porque sanar no siempre significa dejar de sufrir. A veces significa aprender a vivir con lo que nos ha pasado, encontrar nuevas herramientas y descubrir que todavía quedan cosas bonitas por experimentar.

Yo sigo caminando. Sigo creando. Sigo aprendiendo a conocerme.

Y hoy, al compartir mi historia, siento que todo aquello que durante mucho tiempo me costó expresar puede convertirse también en una forma de acompañar a otras personas.

Si mi experiencia consigue que alguien se sienta comprendido, que se atreva a pedir ayuda o que descubra que no está solo, habrá merecido la pena contarla.

Porque todos tenemos una historia detrás de lo que se ve.

Y porque, incluso después de las noches más difíciles, podemos encontrar una manera de volver a encender nuestra luz.

Alexia Nacarino — Larachì

 


Agradecer de todo corazón al equipo de ASAPME Huesca que son mis referentes y mi familia, Eva, Cristina, Estela, Jano y Nuria.

A mis compañeros de ASAPME Huesca y de Diversario que me aportan todo el amor del mundo y puedo ser yo misma sin que nadie me juzgue y por supuesto al doctor Carmelo Pelegrín, por su apuesta en mi persona, por su profesionalidad como psiquiatra, pero más aún por la persona que es.

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