Mi historia: del dolor a la esperanza, del silencio al arte
Me llamo Alexia, tengo 42 años y
hoy quiero compartir mi historia. No porque haya sido fácil, ni porque tenga
todas las respuestas, sino porque creo que contar lo que hemos vivido puede
ayudar a otras personas a sentirse menos solas.
Durante mucho tiempo me costó
comprenderme, encontrar mi lugar y aceptar muchas de las cosas que me habían
sucedido. He atravesado etapas muy difíciles, pero también he descubierto que,
incluso cuando parece que todo se rompe por dentro, siempre puede existir una
oportunidad para volver a empezar.
Esta es mi historia, contada
desde el corazón y en primera persona.
Una infancia en la que me
sentía diferente
Mi infancia estuvo marcada por
una situación familiar complicada. Crecí en una familia desestructurada y
fueron mis abuelos, ya mayores, quienes tuvieron un papel fundamental en mi
crianza.
Desde pequeña sentía que era
diferente a los demás. En el colegio sufrí acoso y viví situaciones que fueron
dejando huella en mi autoestima y en mi manera de relacionarme con el mundo.
Cuando eres una niña, muchas
veces no sabes poner palabras a lo que te ocurre. Simplemente sientes que no
encajas, que hay algo en ti que los demás no comprenden y que tienes que
aprender a convivir con un dolor que no sabes explicar.
Con el paso del tiempo, aquellas
experiencias fueron pesando cada vez más.A los 18 años me diagnosticaron
depresión. Fue un momento importante porque, de alguna manera, empezaba a
ponerse nombre a un sufrimiento que llevaba tiempo acompañándome.
Sin embargo, recibir un
diagnóstico no significa comprenderlo todo de repente. También comienza un
camino de aprendizaje, de dudas y de búsqueda de herramientas para poder seguir
adelante.
Alrededor de los 20 años encontré
apoyo en ASAPME Huesca, donde comencé a recibir acompañamiento. Allí conocí a una
profesional que formó parte de una etapa importante de mi vida.
Para mí, contar con un espacio en
el que poder hablar, ser escuchada y empezar a entender lo que me pasaba supuso
un paso importante.
Con los años aparecieron también
episodios de ansiedad, cambios en mi estado de ánimo y otras dificultades que
me llevaron a recibir atención psiquiátrica y a conocer mejor mi situación de
salud mental.
Mi camino no fue lineal. Hubo
avances, retrocesos y momentos en los que tuve que volver a empezar. A lo largo
de mi vida he necesitado atención especializada en salud mental. Mi traslado a
Andalucía coincidió con una etapa especialmente compleja, en la que tuve que
afrontar dificultades importantes y varios ingresos hospitalarios.
Hablar de estas experiencias no
siempre es sencillo. Durante mucho tiempo, los problemas de salud mental han
estado rodeados de prejuicios, silencios y falta de comprensión.
Pero una enfermedad o un
diagnóstico no definen a una persona. Tampoco borran sus capacidades, sus
sueños, su sensibilidad ni todo lo que puede aportar a los demás.
Yo seguía siendo Alexia. Seguía
teniendo inquietudes, ilusiones y una parte artística que necesitaba
expresarse, incluso en los momentos en los que me resultaba difícil reconocerme
a mí misma.
He aprendido que pedir ayuda no
es fracasar. Que necesitar tratamiento no te hace menos valiente. Y que, a
veces, sobrevivir a una etapa complicada ya es una forma enorme de fortaleza.
Volver a Huesca: la familia,
el cuidado y la pérdida
Después de aquella etapa en
Andalucía, regresé a Huesca. La vida me llevó de nuevo a mis raíces y a mi
familia, y asumí el cuidado de mi padre.
Acompañarlo fue una parte muy
importante de mi vida. Cuidar de alguien a quien quieres profundamente implica
amor, entrega y también un desgaste emocional que no siempre sabemos expresar.
Mi padre falleció el 12 de
octubre de 2024.
Su pérdida marcó un antes y un
después en mi vida. El duelo me obligó a enfrentarme a una ausencia inmensa y a
aprender a vivir de otra manera.
Cuando pierdes a alguien tan
importante, no solo echas de menos a esa persona. También tienes que encontrar
cómo continuar sin su presencia, cómo recolocarte por dentro y cómo volver a
construir una rutina en un mundo que parece haber cambiado.
Hubo momentos en los que necesité
reencontrarme conmigo misma. Poco a poco, tuve que buscar nuevas formas de
sostenerme, de expresar lo que sentía y de recuperar la confianza.
ASAPME Huesca: seguir
construyendo el camino
En este proceso, el
acompañamiento y el apoyo han seguido siendo importantes.
ASAPME Huesca forma parte de mi
historia porque la salud mental no debería vivirse desde la soledad.
Necesitamos espacios seguros, profesionales que nos acompañen y personas que
nos recuerden que seguimos teniendo valor incluso cuando nosotros mismos
dejamos de verlo.
La recuperación no consiste
necesariamente en volver a ser la persona que eras antes. A veces consiste en
conocerte de nuevo, comprender tus límites, reconocer tus necesidades y
descubrir capacidades que no sabías que tenías.
He aprendido que cada persona
tiene su ritmo y que no hay un único camino para salir adelante.
También he comprendido que la
vulnerabilidad no nos hace menos personas. Nos hace humanos.
La pintura y el teatro: volver
a sentirme viva
El arte ha vuelto a ocupar un
lugar fundamental en mi vida.
A través de la pintura he
encontrado una manera de transformar emociones en imágenes, de dar forma a
aquello que a veces cuesta explicar y de convertir parte de mi mundo interior
en algo que otras personas también pueden sentir. El teatro también ha
significado mucho para mí. Volver a los escenarios, compartir proyectos con
otras personas y participar en iniciativas que defienden la inclusión y la
diversidad me ha ayudado a recuperar confianza y a sentir que vuelvo a formar
parte de algo.
En estos proyectos hay un mensaje
con el que me identifico profundamente: todos somos necesarios, todos somos
diversos y sí se puede. No se trata de fingir que todo está bien ni de negar
las dificultades. Se trata de descubrir que, incluso con nuestras heridas,
podemos crear, compartir, aprender y contribuir a que otras personas se sientan
reconocidas.
El teatro me ha regalado momentos
de emoción, de compañerismo, de risas y de lágrimas. Me ha recordado que no
tenemos que ser perfectos para subir a un escenario ni para ocupar nuestro
lugar en la sociedad.
Tenemos derecho a participar, a
expresarnos y a ser vistos por quienes somos, no solamente por las dificultades
que hemos atravesado.
Mi mensaje: detrás de cada
historia hay una persona. Hoy quiero hablar desde mi experiencia, sin esconder
las partes difíciles, pero sin permitir que sean lo único que se vea de mí.
Soy una mujer que ha vivido
momentos complicados. Soy una persona que ha necesitado ayuda, que ha pasado
por tratamientos y hospitalizaciones, que ha conocido el dolor y que ha tenido
que aprender a convivir con muchas emociones.
Mi historia no se resume en un
diagnóstico, en una etapa difícil ni en una pérdida. Mi historia también está
hecha de aprendizaje, de creatividad, de personas que me han acompañado y de
oportunidades que me han permitido volver a levantarme.
Quiero que mi testimonio sirva
para recordar que la salud mental merece atención, respeto y comprensión. Que
nadie debería sentir vergüenza por pedir ayuda. Que detrás de cada diagnóstico
existe una persona con una historia única y con mucho más que ofrecer de lo que
a veces la sociedad alcanza a ver.
Y, sobre todo, quiero transmitir
esperanza sin disfrazar la realidad.
Porque sanar no siempre significa
dejar de sufrir. A veces significa aprender a vivir con lo que nos ha pasado,
encontrar nuevas herramientas y descubrir que todavía quedan cosas bonitas por
experimentar.
Yo sigo caminando. Sigo
creando. Sigo aprendiendo a conocerme.
Y hoy, al compartir mi historia,
siento que todo aquello que durante mucho tiempo me costó expresar puede
convertirse también en una forma de acompañar a otras personas.
Si mi experiencia consigue que
alguien se sienta comprendido, que se atreva a pedir ayuda o que descubra que
no está solo, habrá merecido la pena contarla.
Porque todos tenemos una historia
detrás de lo que se ve.
Y porque, incluso después de las
noches más difíciles, podemos encontrar una manera de volver a encender nuestra
luz.
Alexia Nacarino —
Larachì
Agradecer de todo corazón al
equipo de ASAPME Huesca que son mis referentes y mi familia, Eva, Cristina,
Estela, Jano y Nuria.
A mis compañeros de ASAPME Huesca
y de Diversario que me aportan todo el amor del mundo y puedo ser yo misma sin
que nadie me juzgue y por supuesto al doctor Carmelo Pelegrín, por su apuesta
en mi persona, por su profesionalidad como psiquiatra, pero más aún por la
persona que es.

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