Cada tercer martes de marzo se celebra el Día Mundial del Trabajo Social, una fecha dedicada a reconocer el trabajo de profesionales que, muchas veces desde un segundo plano, ayudan a sostener a personas y comunidades en momentos difíciles. En 2026, esta jornada se conmemora el 17 de marzo con el lema “Construir esperanza y armonía. Un clamor Harambee para unir a una sociedad dividida”.
La palabra “Harambee”, procedente del swahili, se puede
traducir como “remar juntos” o “trabajar codo con codo”. No es solo un concepto
simbólico: refleja muy bien la esencia del trabajo social. Frente a los retos
sociales actuales —desde la desigualdad hasta los problemas de salud mental— la
respuesta no puede ser individual. Requiere colaboración, comunidad y redes de
apoyo.
El trabajo social, clave en la salud mental
Cuando se ha habla de salud mental, hay un profesional clave
que desempeña un papel fundamental, el trabajor/a social, ya que ayuda a
conectar a las personas con recursos que necesitan, las acompañan en procesos
complejos y trabajan por reducir el estigma que rodea a los problemas de salud
mental entre otros. También aborda los factores sociales que muchas veces están
detrás del malestar emocional siendo una figura importante en el equipo.
El lema de este año pone el foco en algo esencial: la
esperanza se construye entre todos. Cada intervención, cada acompañamiento y
cada recurso que se pone al alcance de una persona puede marcar la diferencia.
En un momento en el que la salud mental ocupa cada vez más
espacio en la conversación pública, el trabajo social recuerda algo
fundamental: cuidar de las personas implica también cuidar de su entorno, de
sus relaciones y de las oportunidades que tienen para vivir con dignidad.
Por eso, en este Día Mundial del Trabajo Social 2026, la
celebración no es solo un reconocimiento profesional. Es también un
recordatorio de que las comunidades más fuertes son aquellas que saben apoyarse
mutuamente.
¡Gracias a nuestras compañeras!

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